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Opinión

Así construyó el Listín Diario un periódico de lectura fácil

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El formato standard que usaba el Listín Diario en el año 2000 era tan ancho que, sin buscarlo, las páginas de opinión quedaban como bloques compactos capaces de espantar a cualquiera. Convertir el diario en un periódico más amable de leer fue la tarea que se impuso Miguel Franjul al llegar a su dirección.

Ya se advertía por esos años el gusto por los textos breves, también para no arrastrar esos volúmenes enormes al ecosistema digital que apenas nacía. Para aleccionar a sus articulistas, invitó a Sergio Muñoz Bata, editor del estadounidense The Los Ángeles Times, a dictar un taller de actualización. Sirvió de poco: los consejos quedaron en el aire y quienes escribían largo siguieron escribiendo largo.

El paso siguiente fue llamar a Mario García, autoridad del diseño de prensa a quien apodan el médico de los periódicos. De su mano y la de García Media salió, en agosto de 2009, la reforma gráfica más ambiciosa del diario en varias décadas.

El principio era simple: más aire, menos ruido. Cayeron las cajas, los filetes y los gritos; quedó un diseño limpio, de columnas anchas y bastante espacio en blanco, pensado para que la vista del lector descanse. Los titulares crecieron en tamaño y carácter, las entradas se toparon en dos o tres líneas y las imágenes ganaron terreno, de modo que la página se entendiera de un vistazo. También entraron los infográficos y la visualización de datos, y la noticia dejó de sepultarse bajo montañas de texto.

En lo digital, ya entonces sostenía que el papel debía ser profundo y la web veloz. La meta era que esas páginas se pudieran escanear como una pantalla, dejando atrás el periódico de puro texto. Y dio resultado, cuenta: tras el cambio llegaron varios reconocimientos de la Society for News Design.

Su regla de oro, aplicable también a internet, es la siguiente: entre 400 y 600 palabras para editoriales y opinión, que se leen en dos o tres minutos; hasta 700 para un análisis de fondo, con tope de cuatro minutos; y no más de 500 para las columnas, equivalentes a dos o tres minutos.

Una década más tarde, con el paso del standard al tabloide, esos criterios se mantuvieron con retoques menores. Cuando un colaborador se pasa de medida, las plantillas digitales de diseño solo admiten los textos parametrados y el sobrante se deriva de forma automática a la web. Eso explica que algunos crean, sin razón, que sus artículos fueron censurados: simplemente, lo que no entraba en el papel salió en digital.

Fuente: Listín Diario, publicado originalmente el 20 de septiembre de 2026. Texto reelaborado por la redacción de LOSA Radio.

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