Amor, competencia o necesidad de ser elegido: la lectura de un psicólogo
por losaradio ·
El punto de partida fue un episodio que circuló con fuerza en las redes dominicanas. Durante el funeral de un hombre señalado como delincuente, varias mujeres se atribuyeron un lugar especial en su vida y llegaron a enfrentarse entre ellas por quién había sido de verdad su pareja, quién lo había querido más o quién tenía derecho a ese lugar. Las imágenes generaron sorpresa, burlas e indignación.
Más allá del revuelo, el psicólogo Ricardo Pichardo se plantea otra pregunta: qué enseña ese fenómeno sobre la manera en que nos relacionamos, elegimos pareja y, sobre todo, necesitamos sentirnos elegidos. Según su lectura, una cosa es querer a alguien y otra muy distinta es necesitar que esa persona lo elija a uno para comprobar que vale. Cuando la autoestima depende de la elección ajena, la relación puede derivar en competencia: ya no se trata de amar, sino de ganar. La necesidad de demostrar que se fue la elegida puede llevar a disputar algo que tiene poco que ver con el amor y mucho con la propia demanda de validación.
El caso abre una pregunta más incómoda: por qué hay personas que se sienten atraídas por varones ligados a la violencia, al delito, al riesgo, a las ganancias que deja lo ilícito o a ciertos símbolos de poder y de ruptura de las reglas. La respuesta no se agota en la frase de que a las mujeres les gustan los hombres malos. La investigación sobre elección de pareja muestra un cuadro más complejo: en general se valoran las características prosociales, pero las preferencias varían de una persona a otra y según el contexto, y hay quien se inclina por rasgos asociados a la dominancia, el riesgo o la transgresión.
Para Pichardo, un caso viral no explica el comportamiento de todas las mujeres ni permite diagnosticar psicológicamente a sus protagonistas. Lo que sí cabe preguntar es qué pasa cuando ciertos rasgos se confunden con atractivo: la agresividad con la fortaleza, la dominancia con la seguridad, los celos con el amor, el riesgo con la emoción, el dinero fácil con el éxito y la capacidad de transgredir normas con el poder. Cuando esos vínculos se aprenden y se refuerzan con el tiempo, lo que objetivamente es un riesgo puede sentirse subjetivamente atractivo. Las preferencias no surgen de la nada: se construyen con experiencias personales, modelos familiares, relaciones previas, cultura, entorno social y personalidad. Tampoco cabe suponer que detrás de toda atracción conflictiva haya una infancia traumática o un trastorno psicológico, porque la conducta humana no se explica con una causa única.
El autor enlaza el asunto con La civilización del espectáculo, el ensayo de Mario Vargas Llosa sobre una sociedad donde el entretenimiento, la frivolidad y el escándalo ganan protagonismo. Su preocupación no era que la gente se divierta, sino que el espectáculo llegue a convertirse en valor dominante y la apariencia desplace a la sustancia. Pichardo extiende la reflexión a la vida íntima: qué ocurre cuando una relación deja de vivirse para empezar a mostrarse, cuando amar no basta si los demás no saben quién ocupa ese lugar, y cuando el duelo o la ruptura se vuelven contenido para las redes. Las plataformas mantienen la mirada ajena siempre presente, y ser visto, comentado y validado se convierte en una gratificación: ya no basta con ser, hay que demostrar.
De ahí la batería de preguntas que el columnista propone a cualquier lector, haya vivido o no una escena parecida: si confunde intensidad con amor, celos con interés, sufrimiento con pasión, poder con seguridad, o persecución con valoración real. El autor sostiene que el desafío de la época es aprender a vivir sin convertir la existencia en un espectáculo y sin necesitar espectadores para sentir que vale. La pregunta final que deja planteada no es por quién se quiere ser elegido, sino quién es uno cuando nadie lo mira, lo admira ni lo elige.
Fuente: Listín Diario, publicado originalmente el 20 de septiembre de 2026. Texto reelaborado por la redacción de LOSA Radio.