Hígado graso no alcohólico es una pandemia

Salud
La alta incidencia de esta enfermedad se ha visto impulsada por el rápido aumento del sedentarismo y el consumo excesivo de calorías.

La enfermedad por hígado graso no alcohólico (EHGNA) es el trastorno hepático crónico más común en el mundo occidental.

Se define como el cúmulo de grasa en el hígado, no relacionada con el consumo excesivo de alcohol, ni con el uso de ciertos fármacos u otras enfermedades capaces de causar depósito de grasa, como por ejemplo la enfermedad de Wilson.

Norberto Luis Rojas Mercedes, gastroenterólogo de los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (Cedimat), señala que entre los factores asociados al desarrollo de EHGNA están el sobrepeso u obesidad, la diabetes mellitus tipo dos, la elevación de los triglicéridos o descenso marcado del colesterol de alta densidad (colesterol bueno), así como la hipertensión arterial.

Cuando se combinan al menos tres de estos se considera que el paciente padece del denominado síndrome metabólico.

Explica: “Contrario a lo que podría pensarse, esta afección ocurre también en personas delgadas (con un índice de masa corporal inferior a 25 kg/m²).

Diversos estudios muestran que entre 5 % a 45 % de pacientes con esta condición pertenecen a ese grupo. Se cree que podrían tener un curso de la enfermedad más agresivo, y que podrían asociarse alteraciones genéticas que conllevan a esa peor evolución”.

La EHGNA abarca un amplio espectro que va desde el simple depósito de grasa (esteatosis simple), a la inflamación (esteatohepatitis) y el endurecimiento del hígado (fibrosis) hasta la aparición de la cirrosis.

Complicaciones
A partir de la fase de fibrosis existe aumento del riesgo de complicaciones. La primera causa de muerte en pacientes con EHGNA lo constituyen las enfermedades cardiovasculares (38 %), seguidas de diversos tipos de cáncer (19 %) y causas relacionadas con el hígado (9 %).
La prevalencia se estima en aproximadamente de 30-40 % en los hombres y 15-20 % en las mujeres.

“En Estados Unidos afecta a 64 millones de personas (24 %), en Europa 52 millones (23 %), siendo incluso más prevalente en zonas de Suramérica y de Oriente Medio, donde alcanza cifras de hasta 30 %. Es menos común en África (14 %)”, según detalla Rojas.

El especialista resalta que el índice es aún mayor en personas con diabetes mellitus tipo dos, donde puede afectar hasta al 70 % de estos pacientes, por razones que no han sido del todo aclaradas.

La prevalencia de EHGNA varía notablemente entre grupos étnicos. Un estudio de población urbana en los Estados Unidos mostró que la tasa de esteatosis hepática era del 45 % en la población hispana, del 33 % en la blanca y del 24 % en la negra.

Estas variaciones pueden explicarse por diferencias en el estilo de vida, síndrome metabólico y la genética.

La alta incidencia de esta enfermedad se ha visto impulsada por el rápido aumento del sedentarismo, el bajo nivel de actividad física y el consumo excesivo de calorías, con dietas nutricionalmente desequilibradas y poco saludables.

Se estima que de continuar esta tendencia, para el año 2030 el hígado graso no alcohólico se convertirá en la principal causa de muerte por enfermedad hepática, y en la indicación más frecuente de trasplante hepático, afirma el gastroenterólogo.

Síntomas
Añade el galeno que regularmente el paciente con hígado graso no alcohólico no presenta síntomas, salvo en determinados casos en que pudiera referir alguna molestia a nivel del lado derecho y superior del abdomen.

Sin embargo, el médico puede sospecharlo cuando el paciente presenta uno o varios de los factores de riesgo antes mencionados, o si presenta resultados alterados de las pruebas de la función del hígado en algún análisis de laboratorio indicado por otra razón.

Para llegar a ese diagnóstico es necesaria una historia clínica detallada del paciente, donde se indague sobre su consumo de alcohol, el uso de fármacos o la posibilidad de tener otro tipo de enfermedad hepática.

También es importante el examen físico, donde el especialista puede detectar aumento del tamaño del hígado (hepatomegalia), o los signos de enfermedad hepática avanzada, como coloración amarillenta de la piel y en los ojos (ictericia), o presencia de líquido en la cavidad abdominal ( ascitis).

“Es importante en el estudio de esta condición la realización de pruebas de imagen donde se evidencie la presencia de grasa en el hígado (como la sonografía abdominal) o donde se establezca el grado de rigidez o endurecimiento de este órgano”, enfatiza Rojas.

Sin fármaco para tratarlo
En la actualidad no existe ningún fármaco aprobado para el tratamiento eficaz de esta enfermedad, requiriéndose la realización de una biopsia hepática que confirme la actividad inflamatoria (esteatohepatitis) antes de plantearse el mismo.

Mientras se esperan terapias eficaces, este problema merece la atención de los médicos de atención primaria, especialistas y encargados de formular políticas de salud, comenzando por la prevención del aumento de peso excesivo en el primer período de la vida de la persona, comprendido entre el nacimiento y el principio de la adolescencia.

Fuente: El Día

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