OPINION: El regreso del PLD y el clamor de justicia

Política

EL AUTOR es sociólogo y comunicador, Reside en Santo Domingo.

La lectura frecuente de algunos textos periodísticos nos obliga a pensar sobre la percepción o valoración que tienen varios de nuestros principales políticos en torno a la población votante del país.
Tal es el caso de las últimas aseveraciones formuladas por el licenciado Danilo Medina Sánchez, quien en su condición de presidente del denominado partido morado, ha logrado atraer la atención pública asegurando que,  entre otras cosas, “no existen razones para que el PLD no pueda ganar las elecciones en el 2024”.
Como condicionantes para el supuesto triunfo electoral el ex mandatario sostiene que “el PLD está sembrado en el corazón del pueblo dominicano”, al tiempo de mostrar confianza en que si esa organización política logra ubicar su padrón electoral alrededor de la mesa, donde le corresponde votar, ganará holgadamente la contienda electoral venidera.
De igual modo, sostiene que lo necesario para lograr la meta es que cada militante del partido de la estrella amarilla, durante los próximos tres años, conquiste tres votos en cada mesa electoral
A simple vista y sin mucha profundidad en el análisis del PLD de hoy, es innegable que podríamos ser envueltos por la quimera del danilato, sobre todo al  reconocer que la referida organización partidaria todavía cuenta con una estructura significativa.
Aquilatada desde otra perspectiva, no se requiere ser ducho en el conflictivo quehacer político para llegar a la conclusión de que el licenciado Danilo Medina Sánchez, otrora sobreestimado como un gran orquestador y estratega partidario, luce haber perdido  la correcta visión y valoración sobre quienes, en el presente, conforman el tablero político electoral dominicano y cuáles son su expectativas inmediatas, además de sus muestras irrefutables del dolor, producido por el engaño y el timo.
Todo lo anterior, es el reflejo de una subestimación inadmisible que un político de su estirpe, obviando el escenario en que actualmente se mueven algunas figuras vinculadas al pasado y cuestionado gobierno del danilato, varias de ellas sometidas a un proceso judicial en donde se les correlaciona con hechos punibles e  ignominiosos, al tiempo de pretender hacer que el pueblo dominicano olvide, sin penalidad alguna, las diversas tropelías y corruptelas patrocinadas por personeros sustancialmente adheridos al estilo de gobernanza del hoy despreciado político sanjuanero,
Hablar del regreso al poder, en el 2024, sin éste previamente realizar una ejercicio profundo y convincente que ponga de manifiesto un mea culpa, acompañado de un accionar que haga evidente una práctica partidaria diferente, es una subestimación a la capacidad de criticidad, dignidad y responsabilidad de la población política dominicana.
Es pretender confiar en que el tiempo todo lo cura y que la sociedad electoral nacional está conformada por enfermos de una amnesia crónica, desmemorizados, sin capacidad de pensamiento crítico e indiferente ante la necesidad imperiosa de aquilatar los valores éticos y morales como elementos imprescindibles para la convivencia humana, armoniosa y pacífica.
El intolerable  y horrible lastre dejado por la gobernanza danilista, capaz de producir una insuperable incisión medular en la estructura del partido fundado por el ilustre profesor vegano, Juan Bosch, además de lucir insalvable, a corto y mediano plazo, obliga a un proceso de autocuestionamiento público, valeroso y convincente que, fuera de recuperar la confianza perdida, sea capaz de viabilizar una competencia electoral con nuevas expresiones y sin olvidar que otros aires y fuerzas partidarias han alcanzado una envidiable notoriedad en el tablero electoral nacional.
El rechazable estigma pesaroso y horripilante que hoy proyecta el partido encabezado por Danilo Medina Sánchez, ha dejado huellas repugnantes y profundas en la consciencia colectiva dominicana, algo que no es posible superar con la sola puesta en funcionamiento de una dinámica interna organizativa, -no importa lo novedosa que se quiera ofertar-, pero tampoco con un compromiso de esencia matemática, teniendo como plataforma los colegios electorales.
Insistir en tal visión, es proyectar, –quiérase o no-, un desconocimiento olímpico sobre la realidad política electoral del presente, algo que no se corresponde con el pensamiento y el accionar de alguien considerado, -con o sin razón-, como un ducho en el quehacer  del manejo del poder por un considerable tiempo.
En pocas  palabras, persistir en lo ya expuesto, es poner de manifiesto una especie de miopía mayúscula en torno a la correcta valoración política del pueblo dominicano, fundamentalmente, en un tiempo en que el clamor generalizado consiste en exigir justicia, prisión y devolución de riquezas entre aquellos que, en el pasado o en el presente, han expoliado el bien público sin pudor ni misericordia.
JPM

Fuente: Al Momento