Un ruego para Abinader: comunitarios piden la intervención del Gobierno en barrio de SDE

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EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- Esta vez no fue una solicitud de empleo público, ni una petición de pensión. No se trató de eso sino de un ruego social metido en un folder. La ocasión fue propicia: el acto donde el presidente Luis Abinader dió el primer picazo para ampliar la Ciudad Altos de la Riviera, un proyecto de viviendas que se levanta en Santo Domingo Este.

Los comunitarios aprovecharon el momento: terminado el acto, Abinader saludó a funcionarios, inversionistas e invitados, y fue cuando uno de ellos se “coló” con un folder en alto, llamándole la atención.

La reacción fue normal: el gobernante lo vio pero no se conmovió. Sin embargo, le ordenó a su encargado operativo, el experredeísta Aníbal Belliard, que tomara el sobre para canalizar la demanda. Belliard obedeció y lo cogió.

 ¿En qué consiste el reclamo, envuelto en un sobre amarillo?

Los comunitarios lo explicaron. Ellos son tres: Ramón Aquino Calderón, Miguel Felipe y Rosa Julia Segura. El primero dirige la junta de vecinos del Valle de Las Américas, un barrio incipiente que crece en los alrededores. Los otros dos son dirigentes comunitarios.

Habitan allí unas 300 familias, que viven fundamentalmente del chiripeo y de la Zona Franca más cercana. Como todo barrio que empieza, necesitan agua potable, arreglo de calles y tendido eléctrico. Sus necesidades son elementales, en un nuevo vecindario formado casita a casita.

La ciudad se está ensanchando, desatando una verdadera explosión demográfica. Se crean barrios como enjambres que se van desarrollando con asentamientos y habitantes.

Por cierto, los terrenos baldíos que circundan la Ciudad Riviera ya fueron ocupados por “invasores”, y se han convertido en parcelas alambradas y en un hormiguero de casuchas.

Ellas se divisan a lo lejos: dispersas y separadas unas de otras, apenas respiran bajo el sol caliente. El cuadro es de pobreza: tablitas escuálidas que apenas se levantan, zinc ajado y palos famélicos, esperando por más habitantes y población.

La maleza reina allí en esa aldea que, mecida por el viento fresco y salado que viene del mar, muestra un solo signo de modernidad: el celular.

Su única esperanza estuvo en el lugar, muy cerca de ellos: las autoridades oficiales con el presidente a la cabeza.-

 

Fuente: El Nuevo Diario

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