López Obrador y Biden: ¿una relación de intereses o de amistad?

Internacionales

«Estados Unidos no tiene amigos sino intereses» es la frase célebre que se le atribuye a John Foster Dulles, secretario de Estado con Eisenhower en los inicios de la Guerra Fría. El pragmatismo del político era compartido por su hermano, Allen Dulles, que fue director de la CIA y estuvo a cargo de los golpes de Estado contra los gobiernos democráticos y nacionalistas de Mohammad Mosaddeq en Irán (1953) y de Jacobo Árbenz en Guatemala (1954), con la ayuda de su hermano mayor. También estuvieron a cargo de la planeación de la invasión militar de Bahía de Cochinos en Cuba que se llevó a cabo en 1961.

El cinismo de los hermanos Dulles ha sido la piedra angular de la política exterior estadounidense por casi un siglo. Es cierto, Estados Unidos no tiene amigos en política exterior, ni siquiera aliados, solo tiene intereses y actúa en consecuencia. En términos weberianos, es una racionalidad de acuerdo a fines y de ningún modo de acuerdo a principios. En esto nunca se han diferenciado mayormente los republicanos de los demócratas y aunque tengan pequeñas diferencias de forma, en el fondo la política exterior sigue siendo la misma.

En 2018, durante el proceso electoral en México, los adversarios de Andrés Manuel López Obrador hacían campaña en su contra, argumentado ferozmente que en caso de que AMLO triunfara, la relación con Estados Unidos se complicaría terriblemente y sería el inicio del caos. Decían que la locuacidad de Donald Trump era una mala combinación con un AMLO que no sabía los entuertos de la diplomacia internacional, como si esta fuera una caja negra. Argumentaban los oficialistas y los conservadores que ellos sí tenían buenas relaciones con Trump y que era mejor no buscarle tres pies al gato en las relaciones México-Estados Unidos. En resumidas cuentas, al antiguo régimen afirmaba que AMLO era un peligro para la estabilidad de la relación con el vecino del norte.

Sabemos lo que paso después. AMLO arrasó en las elecciones mexicanas y cuando hubo que lidiar con Trump lo ha hecho de manera digna y exitosamente. Fue a la Casa Blanca y habló fuerte sobre las diferencias entre México y Estados Unidos a lo largo de la historia y en la actualidad, pero también supo mantener abierto el canal diplomático de la cooperación internacional. En las negociaciones con la OPEP+, México tuvo una posición firme en la búsqueda de su soberanía energética que creó tensiones con otros miembros, incluido Estados Unidos, pero que al final fue respetada y hasta aplaudida. Hace pocos días México reformó su Ley de Seguridad Nacional para ponerle mayores controles a las agencias extranjeras que tienen presencia en México, notoriamente las estadounidenses, lo que significa otro paso hacia una mayor soberanía.

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University

AMLO ya sorteó una vez ese camino espinado con relativo éxito y todo indica que lo hará otra vez, volviendo a poner en evidencia los disparates de predicciones que como relojes descompuestos hacen algunos «expertos» conservadores y políticos de oposición.

Los agoreros del desastre que predijeron la catástrofe en 2018 en la relación con Estados Unidos quedaron en ridículo al haber sido expuestos por la realidad misma al paso del tiempo. A pesar de tan craso error, en 2020 esos mismos agoreros volvieron a los mismos argumentos simples y sin bases reales. Dicen que AMLO dañara la relación con Estados Unidos por no tomar partido a favor de Biden durante el proceso electoral estadounidense. Claman que la relación con el candidato demócrata se ha dañado irreversiblemente cuando en medio de la polémica electoral AMLO no tomó partido a favor de Biden. Los «expertos» señalan que están por venir los años más difíciles y complicados para la relación entre ambos países. Igual que en 2018.

Se utiliza el mismo argumento que con Trump, tal vez en la creencia que hasta un reloj descompuesto da la hora exacta dos veces al día. A fuerza de tener las mismas explicaciones con Trump en 2018 o con Biden en 2020, los «expertos» y la oposición aspiran a atinarle por mera cuestión de probabilidades. Pero la realidad no cumple caprichos ni endereza jorobados y tampoco se adapta a los deseos personales por mucho que uno los repita. Y la política exterior responde casi siempre a cuestiones de larga duración más que a simples posiciones coyunturales.

Esto se confirmó el pasado 19 de diciembre cuando hubo una conversación entre Andrés Manuel López Obrador y el presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden. Según se dio a conocer, los principales temas del diálogo fueron cómo garantizar una migración segura y ordenada, proteger la frontera entre ambos países, estrategias contra el Covid-19 y como revitalizar la economía del bloque de Norteamérica.

Según un texto dado a conocer en Twitter por Ned Price, colaborador cercano del presidente electo de Estados Unidos, se destaca que la plática estuvo centrada en un deseo compartido de lidiar con las causas de fondo de la migración en El Salvador, Guatemala y Honduras mediante un nuevo enfoque de la migración regional que busca ofrecer alternativas a emprender un viaje lleno de peligros y vicisitudes antes de llegar a Estados Unidos.

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University

Más allá de nombres y coyunturas, la diplomacia entre México y Estados Unidos deberá llevarse a cabo con inteligencia en un panorama internacional que no cambia drásticamente cuando sustituyes a republicanos por demócratas.

También se habló de una estrecha colaboración con México con el objetivo de construir la infraestructura y las capacidades regionales y fronterizas necesarias a fin de facilitar un nuevo enfoque ordenado y humano de la migración que respete los tratados internacionales en cuanto al derecho de asilo. De todo esto se deduce que no habrá muchos cambios en la relación México-Estados Unidos salvo quizás algunos de forma.

Por su parte, López Obrador señaló que la conversación telefónica tuvo buena disposición de ambas partes para mantener un trato cordial, respetuoso y de iguales. Que la relación no implica subordinación sino apego a los principios constitucionales de México de no intervención, respeto y autodeterminación de los pueblos y cooperación para el desarrollo.

Con el triunfo de Biden no cambiará la política exterior de Estados Unidos. Seguirá habiendo una abierta hostilidad hacia Irán, Rusia y China y continuarán las guerras sin fin en Medio Oriente que en más de cuatro décadas han llevado a cabo republicanos y demócratas por igual. No hay que olvidar que Obama, un demócrata de sonrisa afable y mucho carisma lanzó miles de bombas en Irak, Afganistán y Siria a la vez que fue el mandatario que más inmigrantes deportó. Y Biden era su vicepresidente.

Con México continuarán siendo las cuestiones migratorias y el narcotráfico los principales puntos de la agenda bilateral. Así que más allá de nombres y coyunturas, la diplomacia entre México y Estados Unidos deberá llevarse a cabo con inteligencia en un panorama internacional que no cambia drásticamente cuando sustituyes a republicanos por demócratas. AMLO ya sorteó una vez ese camino espinado con relativo éxito y todo indica que lo hará otra vez, volviendo a poner en evidencia los disparates de predicciones que como relojes descompuestos hacen algunos «expertos» conservadores y políticos de oposición.

Nunca debemos olvidar que Estados Unidos no tiene amigos sino intereses.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

Fuente: RT Noticias

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