Hijos de trastornados mentales vejados hasta en propia familia

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Ese muchacho no sirve, será loco igual que su pai. Esta frase de su propio abuelo materno marcó a José y aunque es un profesional destacado, la sensación de inutilidad no le abandona y sobre todo, la comparación con su progenitor esquizofrénico le crea pavor a desarrollar esa misma enfermedad.Los niños cuyos padres padecen trastornos mentales sufren burlas y humillaciones en la comunidad, la escuela y hasta en su propia familia, esto les lleva a rechazar al padre enfermo, por vergüenza, por rabia y su vulnerabilidad les hace más propensos a abuso sexual, depresión e intento de suicidio.La sicóloga escolar Claribel Larancuent de León y la social Ana Cheila Bautista advierten que la situación afecta la autoestima, el rendimiento en clases, la interacción y degenera en déficit de atención, agresividad o pasividad, postergación de deberes y falta de constancia. Por esto definen clave que la familia, la escuela, la sociedad y el Estado trabajen juntos.“Mi papá empezó con las crisis más serias a los 37 años, de ahí no salió nunca hasta que murió a los 54. Yo tenía siete y viví toda esa situación. La familia de mi madre tuvo que hacerse cargo de nosotros, éramos tres, soy el mayor y siempre nos hacían sentir el favor de su compasión, reían de mi papá y mostraban su certeza de que nunca serviríamos para nada. Fue y es terrible”, narra José.Ante ese cuadro, Bautista indica que cuando la propia parentela asume tal postura y profetiza sobre estos chicos, puede llevarlos a renunciar a metas porque asumen que son lo que la gente que los maltrata les dice que son y comparan su futuro con la vida de su padre o madre trastornado.Estas víctimas tragan el maltrato familiar por temor a agrandarlo, callan y soportan igual ante las burlas en el barrio y en los planteles, porque su amor propio decae a tal punto que aprenden a verse como merecedores de ese atropello y de todas las cosas malas que le ocurran y su incapacidad de defenderse atiza las vejaciones.La especialista consigna que en su afán de aceptación son manipulados más fácil, o por el interés de mostrar que pueden hacer cosas bien, desarrollan aptitud de líderes negativos, un comportamiento autelesivo, con el que también dañan a terceros y de forma inconsciente dan la razón a los que les tacharon de inservibles.En los planteles. la sicóloga Claribel Larancuent de León exhorta acompañamiento muy de cerca, involucrar a maestros y familiares, ayudar a fortalecer la estima, a mostrar indiferencia ante acciones que casi siempre vienen de niños con familias disfuncionales, o sea de otros que también son débiles.Recuerda que el papel del centro escolar y de los parientes es cardinal para mantener la estabilidad mental y el buen desempeño de ese estudiante al que la patología de su procreador no debe convertirle en un desadaptado.“Al contrario. Es fundamental dotarle de capacidades para que pueda afrontar esa realidad y ayudar a su progenitor en situación de vulnerabilidad”, aconseja.Llama a hacerle entender que no puede controlar lo que otros dicen pero sí aprender a ignorar, a ser fuerte, para lo que requiere acompañamiento.Señales. Bautista y Larancuent de León instan a prestar atención a síntomas como evitar lugares públicos, cambio repentino de actitud, agresividad, mutismo.Si el conflicto no es manejado de forma adecuada, el niño tendrá una relación deteriorada con su familia, problemas con sus compañeros y dificultades con los maestros. Lo mismo que con el resto del entorno.Las profesionales cierran con la alerta de que colaborar es tarea de todos.

Fuente: Hoy

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