España (y Europa) robotiza sus ejércitos: el futuro que nos espera y los intereses que hay detrás

Internacionales

Yemen, 2030

Un dron sobrevuela un mercado repleto de personas. Lo considera un objetivo. Envía una señal a un enjambre de vehículos militares no tripulado del tamaño de un coche Smart fortwo con una plataforma de misiles. Desde el buque saudita donde se controla el robot militar se dispara, como si de un videojuego se tratara, una letal descarga de explosivos que arrasa el mercado y acaba con la vida de decenas o centenares de personas. Es decir, lo que ya ocurre en la actualidad, pero mucho más barato y efectivo. 

¿Un denominador común? Navantia, la empresa española que vende fragatas a Arabia Saudí y que acaba de presentar un proyecto de vehículo no tripulado terrestre; España, que pretende convertirse en una mayor potencia mundial de lo que ya es en cuanto a fabricar y vender armas –séptima– y cuyo Ejército de Tierra acaba de poner en marcha un programa de modernización militar; la Unión Europea, que acaba de movilizar 9.000 millones de euros para dotar de robots terrestres militares a sus ejércitos; y Estados Unidos, dispuesta a comenzar una nueva carrera armamentista que provoque otra Guerra Fría que cause millones de muertos, despilfarre muchos más millones de dólares públicos para beneficio de las élites esquilmando todavía más los sistemas públicos de salud o educación. Es el futuro, amigos. También el presente. 

España, febrero de 2021 

Los hospitales están próximos al colapso, el nivel de contagios aumenta de forma incontrolada, las funerarias trabajan a destajo y la desesperación comienza a mermar en una ciudadanía que no parece vislumbrar un remedio para la carcoma del tejido económico. La recuperación se antoja interminable, el desempleo se eleva hasta lo insostenible y las vacunas han sido secuestradas por las voraces farmacéuticas. En estas circunstancias se encuentra España, como muchos otros países en Europa y el resto del mundo. Y, en estas circunstancias, España ha decidido aumentar el número de militares –a finales de enero se convocaron 3.340 vacantes para entrar en el Ejército español– y embarcarse en el mencionado programa armamentista europeo que, no solo genera dudas políticas por su (no) utilidad pública, sino también morales: robots. Robots terrestres capaces de todo. Y arroja no pocas sombras de duda. 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.

El programa armamentista europeo en el que se ha embarcado España no solo genera dudas políticas por su (no) utilidad pública, sino también morales: robots. Robots terrestres capaces de todo.

Bajo el nombre ‘Escorpión’, el Ejército de Tierra español ha lanzado un programa de vehículos autónomos no tripulados controlados de forma remota (UGV, por sus siglas en inglés, Unmanned Ground Vehicles) financiado, como he comentado, en parte por la Unión Europea. Estos vehículos serán probados durante los próximos tres años por la BRIEX (Brigada Experimental), actualmente en la BRILEG (Brigada de la Legión) Rey Alfonso XIII situada en Viator (Almería), y contarán con un diseño modular que permita la incorporación de lanzacohetes, ametralladoras pesadas, cañones ligeros y otros elementos no tan agresivos como camillas para heridos, brazos robóticos para desactivación de explosivos o distintos sistemas de comunicaciones. Son los primeros pasos de la guerra robotizada. 

Es la precuela no filmada de la película ‘Terminator’. Si un día te preguntaste cómo el mundo pudo llegar hasta ese punto, vuelve tu mirada a España, al Partido Socialista Obrero Español y a Margarita Robles, la cual envió una carta a Josep Borrell, ex ministro de Exteriores español por el PSOE y exdirectivo de Abengoa, responsable del fracaso de la propulsión del submarino S-80, que además se hundía, de la empresa –ya mencionada– Navantia. El desastroso submarino que ha costado a los españoles más de 4.000 millones de euros. En dicha misiva, solicitó junto a los ministros de Defensa de Francia, Italia y Alemania que las Fuerzas Armadas fueran consideradas fundamentales y el Fondo Europeo de la Defensa, prioritario. Es solo un ejemplo, porque, en realidad, España no es nada en toda esta historia. Solo es un eslabón más al servicio de un interés empresarial que subyace en las decisiones geopolíticas de los últimos ochenta años y que nos ha llevado, al menos en dos ocasiones, al borde del abismo nuclear: 1962, crisis de los misiles; y 1983, maniobras ‘Able Archer 83’ de la OTAN en Europa. Estamos fabricando desde los despachos financieros de la insaciable industria militar la próxima crisis mundial. Quién sabe si la última. 

Porque, aunque se afirma que no podrán ser usados sin la intervención de una persona, lo cierto es que ya existen modelos con capacidad de realizar distintas tareas de forma automática. Y es que lo que tenemos entre manos es un Tesla armado hasta los dientes con una serie de capacidades que difícilmente no serán exploradas, máxime en un escenario de creciente tensión geopolítica. De hecho, las características de estos vehículos asustan, y no es para menos: el primer vehículo probado, UGV Themis, fabricado por Milrem Robotics, una empresa estonia, es completamente eléctrico, lo que resulta extremadamente beneficioso –y letal– en el ámbito militar por el sigilo que proporcionan; tiene las dimensiones de un Smart fortwo, algo más bajo, más ancho y más pesado (2,4 metros de largo, 2 metros de ancho y 1,11 metros de alto y pesa 1.630 kilos); se desplaza a una velocidad que llega hasta los 25 km/h; puede cargar hasta 750 kg y arrastrar hasta 1.200 kg; y puede desplazarse por pendientes de hasta 60 grados y por terrenos con inclinación lateral de hasta 30 grados. Incluso puede ser sumergible. 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra de España.

Estamos fabricando desde los despachos financieros de la insaciable industria militar la próxima crisis mundial. Quién sabe si la última.

Es solo el comienzo: recuerden que los pequeños Panzer alemanes que resultaron fundamentales en el devenir de la Guerra de España entre 1936 y 1939 solo fueron juguetes para niños en comparación con los Panzer –de mayor tamaño, potencia y letalidad– que después convertirían Europa en uno de los mayores cementerios al aire libre del mundo o los Tiger que amenazaron con invertir el rumbo del destino. 

Latinoamérica, África o Asia, 2040

Un Ejército robotizado, con Inteligencia Artificial, nanotecnología, armas de alta precisión, tecnologías cuánticas y de redes neuronales y elevada conectividad se sitúa frente al palacio presidencial de ese incorregible país que decide, de forma absolutamente insolente, que pretende un modelo en el que el reparto del capital sea más equitativo y se reduzcan los niveles de desigualdad y pobreza. Es una guerra sin coste mediático. El sueño de los halcones yanquis. 

Norteamérica y Europa, 2050

Esa tecnología, que no ha resuelto los grandes problemas de la actualidad, como la desigualdad y la precariedad, pero ha proporcionado innumerables réditos a las élites económicas y a la industria armamentista, ha sido implementada, como suele ocurrir con los avances militares, en la seguridad civil. Ahora, todos aquellos que no quisieron o no supieron saber lo que ocurría en el resto del mundo mientras contaran con pan y circo están controlados también por enjambres de robots policiales dispuestos a que el orden no se altere lo más mínimo. El orden es el Capitalismo y lo hemos y lo estamos construyendo entre todos. Incluso en plena crisis económica y sanitaria.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

Fuente: RT Noticias

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