El PRM en su cumpleaños: crisis, presiones y tempestades

Política

EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- El sexto aniversario del oficialista Partido Revolucionario Moderno (PRM) encuentra a ese partido encaramado en el poder, rodeado de una fuerte crisis sanitaria-económica y presionado por reclamos de empleos a militantes y seguidores de la organización.

El cumpleaños se celebró ayer, con una ofrenda floral llevada a la tumba del líder político José Francisco Peña Gómez, por la dirigencia perremeísta.

A pesar de su infancia política, el PRM logró una verdadera hazaña: sacar del poder al dominante Partido de la Liberación Dominicana (PLD), que duró 16 años seguidos en el Gobierno, y se convirtió así en el partido más joven en alcanzar el solio presidencial.

Ese hito tuvo serios tropiezos y traumas históricos. En efecto, el PRM hunde su pasado en 1961, cuando retornaron los exiliados más notables después de la muerte de Trujillo. Juan Isidro Jimenes Grullón fundó la Alianza Social Demócrata y se sumó a la incipiente explosión democrática. Juan Bosch, su antítesis más sórdida, llegó después de sus tres precursores del PRD (Ángel Miolán, Nicolás Silfa y Ramón Castillo), y emprendió una brillante campaña de alfabetización y evangelización política. Claro, esa campaña lo llevaría al poder en las primeras elecciones postrujillistas, y lo encimaría como pedagogo popular y maestro de la democracia. Alfonso Moreno Martínez, Ramón Castillo y Yuyo D’Alessandro crearon el Partido Revolucionario Social Cristiano, cuya insignia era el “machete verde”.

Los tres líderes fueron candidatos presidenciales, el 20 de diciembre de 1962: Jimenes Grullón, por su ASD; Bosch, por el PRD; y Moreno Martínez, por el “machete verde”. Este llevó a Josefina Padilla viuda Sánchez como su compañera de boleta, con una proclama resonante: “Con Alfonso y Josefina, la revolución camina”. Bosch fue el gran triunfador.

Pero el PRD se desgarró en el poder, y Bosch fue frenéticamente derrocado. Jimenes Grullón y otros líderes de oposición bendijeron el golpe de Estado, y se montaron en el Triunvirato espurio. Una facción perredeísta había ya pactado con Joaquín Balaguer, el juguete trujilllista que había liderado la Acción Social, un embrión del Partido Reformista. No fue el primer desprendimiento: Jimenes Grullón había roto con el PRD en los años del exilio, y creó la ASD. Esa estremecedora ruptura fue animada por desavenencias personales con Bosch.

Llegó otro cisma, más candente y trágico: la salida de Bosch. Este renunció, se quedó con el local principal del PRD y creó el PLD, con nuevos símbolos y nueva ideología. Este divorcio brotó de la nueva estrella que guiaba al profesor: sus ideales de liberación nacional y de dictadura con respaldo popular. Esta tesis no había cuajado en el PRD. En realidad, Bosch sembró en el PRD la semilla del nuevo partido. Así, el vientre del PRD concibió y alumbró al PLD, ese hijo descarriado.

El jacho blanco se apagó. Sin embargo, revivió y rebrilló, liderado ya no por Bosch sino por Peña Gómez. Este surgió como un líder firme y decidido a dejar el pellejo en la liza política. Los Doce Años de Balaguer arrasaron con la mentalidad más brillante y con los jóvenes más luminosos. Pero Peña Gómez, que venía de un profundo abismo social y económico, afrontó esa maquinaria de aniquilación oficial, sin temerle a las bestias del poder.

Así pues, afrontando el apetito criminal de los verdugos balagueristas, Peña Gómez condujo al PRD al gran triunfo del 78′ con don Antonio Guzmán a la cabeza. El gobierno perredeísta democratizó los resortes del poder, desmilitarizándolo y liberando a los presos políticos. Fue un bautismo democrático. Sin embargo, las sombras de la división acechaban al PRD y lo hicieron añicos. El partido blando se fraccionó en dos tendencias: la oficialista -del presidente y Jacobo Majluta- y la intraopositora -Jorge Blanco-Peña Gómez. La oposición al Gobierno se la hacía el propio PRD. La inquina alcanzó su temperatura más alta, cuando a Peña Gómez se le impidó entrar al Palacio y no acudió a la entrega de donaciones cubanas que llegaron por las devastaciones de David. Las luchas eran nítidas y encarnizadas.

En 1982, Peña Gómez también llevó al poder a Jorge Blanco, en una impresionante campaña electoral. Pero la corrupción y los escándalos mancharon a ese gobierno; altos funcionarios dieron con sus huesos en la cárcel, y el PRD volvió a descomponerse. Esta vez, las ambiciones políticas, a flor de piel y de boca, se encresparon y estallaron, produciendo un nuevo cisma y un nuevo parto. La Convención del Concorde, en 1985, se desenfrenó y desató demonios, terminando a sillazos y heridas entre compañeros. Las laceraciones nunca curaron.

Peña Gómez creó el Bloque Institucional Socialdemócrata (BIS) y Jacobo Majluta, el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Se enfrentaron en el 90′, en una grave división que benefició al contrario.

Después de naufragar, la ASD resurgió en 1994 como aliado de Bosch. Pero Bosch perdió y la ASD, acaudillada ahora por José Rafael Abinader, apenas sobrevivió. En 1998, Abinader ganó la senaduría de Santiago como candidato del PRD. Esto selló la alianza definitiva con el jacho blanco. Así, en 2000 ganó con Hipólito Mejía y 2008 apoyó a Miguel Vargas. Pero este perdió y la ASD, bajo la jefatura de Abinader, siguió rodando en el escenario.

Regresaron las viejas disputas. El PRD se devoró a sí mismo, partido en dos: Hipólito y Miguel. Los dos concurrieron a una convención que fue un matadero. Hipólito ganó con apoyo oficialista. Miguel se resistió y no lo aceptó. Ambos echaron batallas legales. El rumbo repitió la historia: nuevo caos y división. Finalmente, el PRD se fracturó y volvió a parir, esta vez al PRM.

La ASD cambió su nombre y se transformó en el PRM, cuya ideología es herencia directa del PRD. Iluminado por Peña Gómez, el partido oficialista -con el blanco y el azul en su bandera, y con un dedo triunfal en lugar de un jacho apagado-, se define como un partido demócrata moderno, que procura crecimiento económico con justicia social. Su gran reto es producir desarrollo, que es la democratización del progreso, que es democratizar la democracia. El PRM lo sabe y no puede fallar.-

 

 

 

Fuente: El Nuevo Diario

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