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Benito Mussolini, a 75 años de su muerte | «La gran mentira sobre Mussolini es que fue un dictador bueno que quería a su pueblo: fue él quien mató a más italianos en la historia del país»

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Benito Mussolini fue capturado por los partisanos el 27 de abril de 1945 cerca de la frontera entre Italia y Suiza y ejecutado al día siguiente.

En Italia, una de cada cinco personas cree que «Mussolini fue un gran líder que solo cometió algunos errores», según una encuesta del centro estadístico Eurispes de enero de 2020.

Es decir, que 75 años después de la muerte de «Il Duce» y casi 100 desde su toma de poder, millones de italianos creen que a Mussolini le deben el actual sistema de jubilaciones, la construcción de carreteras y acueductos o la reducción de los índices de criminalidad.

En definitiva, muchos italianos creen que el legado de Mussolini no es tan negativo, sobre todo si se le compara con la clase política actual.

Pero, ¿son ciertas todas estas creencias?

Según Francesco Filippi (Italia, 1981), historiador de las mentalidades y colaborador de la Universidad de Trento, no.

En su libro, titulado irónicamente Mussolini ha fatto anche cose buone («Mussolini hizo también cosas buenas», en castellano, editorial Bollati Boringhieri), Filippi explica cómo se generaron las que él define como «fake news del fascismo» y por qué consiguieron circular casi intactas hasta hoy, imponiéndose en las redes sociales y en los discursos públicos.

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Francesco Filippi

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El historiador Francesco Filippi imparte talleres de memoria histórica para adolescentes en la asociación Deina.

«Mi intención era utilizar los instrumentos de la investigación histórica para desmontar algunos de los mitos más radicados sobre el fascismo», explica Filippi en conversación con BBC Mundo.

El libro salió en marzo de 2019 y sigue siendo un éxito comercial en el país europeo. Algo que claramente enorgullece a su autor, pero que también le preocupa.

«Porque», aclara Filippi, «si 75 años después de la muerte de Mussolini todavía hace falta un manual como este para arrojar luz sobre el régimen más sanguinario de la historia de Italia, quiere decir que todavía tenemos problemas con la memoria pública sobre el fascismo».

¿Cuál de las ideas sobre Mussolini es las más arraigada en la cultura italiana?

Seguramente, la madre de todas las fake news sobre Mussolini es la que pinta al «Duce» como un dictador bueno, que quiso a su pueblo, como si hubiese sido un padre para toda la nación.

En realidad, fue él quien, con sus decisiones, mató a más italianos en las historia del país, que provocó una guerra en la que murieron centenares de miles de personas, que causó daños irreparables al patrimonio cultural, social y económico de este país.

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Benito Mussolini fundó los «Fasci italiani di combattimento» el 23 de marzo de 1919, en Milán, Italia.

Hay una anécdota muy representativa a este respecto. Según cuenta Galeazzo Ciano, su cuñado y ministro de Exteriores, durante el invierno de 1940, seis meses después de que Italia entrara en guerra al lado de la Alemania nazi, Mussolini miraba desde su despacho cómo nevaba sobre Roma. ‘Me alegra de que haga tanto frío’, le dijo el Duce a Ciano, «así nos libramos de todos los blandengues’.

Eso muestra que Mussolini odiaba a una parte de sus «súbditos’. Por suerte nunca hubo un genocidio del pueblo italiano, pero podemos decir que el fascismo fue el momento en el que el pueblo italiano en su totalidad estuvo más en peligro.

Habría que preguntarse por qué, a pesar de eso, una quinta parte de los italianos lo siguen considerando un buen líder.

Entonces, ¿cuál es tu respuesta?

Hay dos razones principales. Por lo que respecta a la primera, parte de la culpa la tenemos los historiadores. Porque si, 75 años después de su muerte y a pesar del enorme número de libros publicados, aún se desconoce la verdad, quiere decir que hay una separación entre la academia y la sociedad, y nosotros tenemos parte de responsabilidad.

Y eso es algo que pasa no solo en Italia, sino en muchos países europeos.

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La retórica del «Duce», según Filippi, fue una revolución mundial, y por eso sus mensajes y su lenguaje siguen circulando con fuerza hasta hoy.

¿Y la segunda?

Un segundo problema es cómo la figura del hombre fuerte, del padre autoritario, atrae a las sociedades cuando atraviesan períodos de crisis.

Hay períodos en los que las personas necesitan respuestas sencillas a problemas complejos. Es lo que yo llamo «infantilismo social»: así como los niños, delante de determinados problemas, no quieren entender de soluciones difíciles, algunas sociedades, en determinados momentos, esperan que un adulto les resuelva los problemas con una varita mágica.

En el momento en que personajes históricos como Mussolini consiguen encarnar ese papel de solucionador de problemas, a la gente ya no le importa si eso es verdad o no, porque se siente tranquilizada.

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El «Duce»celebraba periódicamente discursos desde el balcón de Palacio Venezia, en Roma, a los que asistían miles de personas.

¿Qué es lo que preocupa tanto a los italianos como para añorar a Mussolini?

La generación más joven está comprimida entre un presente en constante mutación y un futuro incierto, donde sus condiciones de trabajo y de vida serán peores que las de sus padres.

Entonces, no le queda otra que refugiarse en un pasado mítico, tranquilizador, aunque sea falso: un pasado donde, por ejemplo, se podía salir de casa dejando la puerta abierta o donde todos vivían mejor.

En realidad, ese pasado sirve para proyectar las esperanzas que el presente y el futuro no pueden cumplir.

Según repiten muchos italianos, sin embargo, Mussolini sí consiguió numerosos logros como gobernante. Tú dedicas cada capítulo a analizar y desmontar uno de ellos. ¿Cuál es el más significativo?

Uno de los convencimientos más sólidos en Italia es que Mussolini introdujo el sistema de jubilaciones para los ancianos. En realidad existían desde el 1895, ¡cuando el «Duce» tenía 12 años!

Pero insistir en que Mussolini introdujo las jubilaciones quiere decir contar el cuento del dictador que quiso mucho a nuestros abuelos y que les dio seguridad. Es dibujar el perfil de un atento arquitecto de una sociedad que piensa en los más débiles. Es mostrarlo como un dictador simpático.

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En las imágenes de propaganda más comunes del fascismo aparecía Benito Mussolini mientras realizaba trabajos manuales como cortar el trigo en el campo.

¿Por qué son tan fuertes algunos mensajes de Mussolini como para ser considerados actuales?

Si hay algo que el fascismo hizo muy bien fue hablar de sí mismo. La propaganda fascista fue muy eficaz porque era primitiva, sencilla y directa.

La retórica del «Duce» fue una revolución mundial, y por eso sus mensajes y su lenguaje siguen circulando con fuerza hasta hoy.

Mussolini fue el primero en entender la importancia de los medios de comunicación y del contacto directo con las masas.

Luego tanto Hitler, quien declaró su admiración por Mussolini, como las democracias occidentales entienden la importancia de visibilizar al líder.

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Benito Mussolini y Adolf Hitler fueron aliados durante la Segunda Guerra Mundial y tenían una fuerte relación personal.

Esto es lo mismo que pasó con las redes sociales. Si pensamos en lo que pasa en la democracia por excelencia del día de hoy, Estados Unidos, vemos cómo su presidente publica decenas y hasta centenares de tuits cada día y dialoga directamente con su base electoral. Pero esto pasa en todos los países occidentales.

Esta forma vertical de comunicar es la versión 2.0 de la revolución comunicativa de Mussolini: sus eslóganes funcionaban tan bien en las plazas de los años 20 del siglo pasado como lo hacen ahora en las plazas virtuales.

Justamente, en un plaza de Milán se puso final hace 75 años la vida de Mussolini y la experiencia del fascismo en Italia. ¿Qué representa hoy en día la imagen del «Duce» colgado de los pies delante de la población italiana enfurecida que se ensañaba con su cuerpo?

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Los cuerpos del «Duce», de su pareja Claretta Petacci y de otros fascistas fueron colgados por los pies y expuestos en Piazzale Loreto de Milán el 29 de abril de 1945.

Fue el último acto de la parábola retórica del fascismo, de la relación corpórea entre el dictador y la muchedumbre.

Esa misma muchedumbre que lo había apoyado se siente ahora traicionada y humillada pero también huérfana, y se rebela contra ese padre y se ensaña con su cuerpo.

Fue el fascismo que se devoraba a sí mismo.

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Fuente: BBC en Español

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