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Amy Coney Barrett, una ultraconservadora para sustituir a Ginsburg al frente del Supremo

Se trata de una magistrada devota de la fe cristiana, férrea en su oposición al aborto y amante del derecho de los estadounidenses a comprar y portar armas

Amy Coney Barrett, en una imagen de archivo.

Amy Coney Barrett, en una imagen de archivo.
MATT CASHORE REUTERS

Al final, Donald Trump se decantó por la opción más segura, la ultraconservadora, la que debería contentar más a su base fiel de seguidores cristianos y evangélicos a 36 días de las elecciones. Su elegida para ocupar la plaza vacante en el Tribunal Supremo -tras el fallecimiento de Ruth Bader Ginsburg- es Amy Coney Barrett, una magistrada devota de la fe cristiana, férrea en su oposición al aborto y amante del derecho de los estadounidenses a comprar y portar de armas, cumpliendo con algunos de los dogmas fundamentales del catecismo republicano. Sus 48 años deberían garantizarle además décadas de ideario conservador en el Supremo, perpetuando el legado de Trump mucho más allá de su presidencia.

Cerca estuvo Barrett de acceder al más alto cargo del sistema judicial en Estados Unidos. Su nombre sonó con fuerza tras la vacante dejada por Anthony Kennedy en 2018 y que finalmente ocupó Brett Kavanaugh tras un escabroso proceso de confirmación, acusado de abuso sexual en sus días como universitario. Un año antes, Trump confirmó a Barrett para el tribunal de apelaciones del Séptimo Circuito, con jurisdicción en Indiana, Wisconsin e Illinois.

Acompañado de la Primera Dama, Melania Trump, y de la familia Barrett al completo, Trump describió a su nominada como una mujer «de intelecto incomparable» y «eminentemente cualificada» para el puesto. «Lo vas a hacer fenomenal», le dijo el presidente desde un Jardín de las rosas de la Casa Blanca lleno, sin distancia social alguna y apenas unas pocas mascarillas visibles entre los invitados.

Trump añadió que espera que el proceso de confirmación ante el Senado sea «rápido» y «extremadamente poco controvertido», no se sabe si con ironía después de las complicaciones que enfrentó Kavanaugh. Pidió además a la prensa que se «abstenga de ataques partidistas» hacia Barrett «puesto que su recorrido es irreprochable».

De lograr la ratificación de la Cámara Alta, Barrett sería la juez más joven y la quinta mujer en acceder al Supremo. Nacida en un suburbio de Nueva Orleans, Barrett es la mayor de siete hermanos, hija de un abogado para la petrolera Shell y de una ama de casa. Ahora vive en South Bend, Indiana, con su marido, el abogado Jesse Barrett, al que conoció en sus días de universidad en Notre Dame, y sus siete hijos, uno de ellos con síndrome de Down y dos de ellos adoptados en Haití.

Barrett es una firme convencida de que el aborto está mal bajo cualquier circunstancia, sin importar la raza, el sexo o las discapacidades que pueda acarrear el feto. También está alineada con Trump en materia de inmigración. En junio, se puso del lado de una medida para obstruir el acceso a permisos de residencia a aquellos que hubieran recibido cualquier tipo de asistencia gubernamental. Y el año pasado defendió el derecho a poseer armas a ciudadanos con antecedentes penales.

En juego hay asuntos capitales. Con Barrett ya confirmada en el Supremo, correría peligro la continuidad del Obamacare, que garantiza un seguro médico a millones de estadounidenses con condiciones médicas previas. El caso se decidirá una semana después de las elecciones, después de que un tribunal declarase inconstitucional la obligatoriedad de tener seguro médico.

«Lo que está en juego es muy real para la gente si los tribunales invalidan la totalidad del Affordable Care Act una semana después de las elecciones», señaló el senador demócrata Chris Murphy. «Lo que está en juego es muy real si el Supremo criminaliza el aborto».

La indudable influencia de sus creencias religiosas hacen que peligre la sentencia de 1973 que sentó la bases del derecho al aborto en EEUU, la conocida como Roe versus Wade. La magistrada pertenece a un grupo cristiano conservador, People of Praise, una organización comandada exclusivamente por hombres que responde a una estructura «altamente autoritaria» y que requiere que todos sus miembros donen el 5% de sus salarios anuales. La organización tiene tintes sectarios y promulga, entre otras cosas, que el marido sea el que asuma la autoridad en el hogar.

Barrett alabó a su marido, al que describió como «magnífico y generoso» en su breve intervención desde la Casa Blanca. También a sus siete hijos, con mención especial para los dos adoptados en Haití, con cinco años de diferencia. Uno de ellos, Benjamin, es el favorito de la mayoría de los hermanos, compartió. «Nos llenan la vida», afirmó la que será la primera madre con hijos en edad escolar en llegar al Tribunal Supremo, en palabras de Trump.


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Fuente: El Mundo

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