Nacionales

Danilo Medina vs Evo Morales

Rafael G. Guzmán Fermín

El pasado 11 de noviembre, un periódico matutino publicó una noticia titulada “El PLD condena el golpe de Estado a Evo Morales en Bolivia”, hecho que me llamó poderosamente la atención y me movió a hacer una reflexión pública, al percibir que ciertos políticos palaciegos se miraban espantados ante un espejo muy parecido. Hechos con los que pretendo definir y analizar nuestra coyuntura política.

Lo primero que me atrevo a puntualizar es que técnicamente en Bolivia NO ocurrió un golpe de Estado militar, como falsamente se ha querido presentar a la opinión pública, porque por definición, este hecho constituye una acción violenta llevada a cabo por fuerzas militares o rebeldes con el propósito expreso de quedarse con el gobierno de un Estado, suponiendo la sustitución de las autoridades existentes y el cambio de mando de las instituciones estatales por la imposición de la fuerza, en franca violación y falta de reconocimiento hacia la legitimidad constitucional.

Con solo observar la prensa internacional, es fácil advertir que lo ocurrido con Evo Morales es una renuncia al cargo, contemplada en su Carta Magna, debido a la desestabilización social del país andino, cuyo “pecado original” empezó el domingo 21 de febrero del 2016, cuando no aceptó la derrota del referéndum constitucional con la finalidad de modificar la Constitución con el propósito de reelegirse, siendo el mismo Presidente indígena quien dio el verdadero golpe de Estado a su pueblo en aquella oportunidad.

Acto seguido, y desconociendo la voluntad popular expresada a través del referéndum consultivo, optó por recurrir al Tribunal Constitucional para imponer un recurso de inconstitucionalidad con el absurdo argumento de que poner un candado a una nueva reelección atentaba contra sus derechos políticos. Ante esta situación, los magistrados del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) cedieron a las presiones del oficialismo, y el 29 de noviembre del 2017 falló a favor de Evo Morales para buscar la reelección sin límites.

Es importante resaltar por lo ocurrido en Bolivia, que en la República Dominicana han ocurrido hechos parecidos, salvo que en nuestro caso, nunca quiso someterse un referéndum contemplado en la Carta Sustantiva, y que si no hubiera sido por la gran movilización popular -casi 85% de la población se oponía a la modificación de la Constitución- y la famosa llamada de Mike Pompeo, secretario de Estado de los EE.UU., hubieran logrado pasar la reelección a como diera lugar, tal como testimoniara el mismo presidente del Senado, quien admitió públicamente que el consultor jurídico del Poder Ejecutivo había elaborado la propuesta de modificación constitucional, que él mismo la había corregido, y que estaba lista para que un senador muy reconocido la sometiera como una supuesta iniciativa del Senado de la República, recalcando que “tenían” todos los votos necesarios para su aprobación.

Otro hecho comparativo del caso dominicano vs Bolivia fue en las elecciones primarias del 27 de enero de este año 2019 ocurrieron diversas irregularidades por la aplicación de una nueva “ley electoral”, hechos que provocaron que todos los candidatos opositores pidieran al Tribunal Supremo Electoral (TSE) la suspensión de las votaciones por considerar que los resultados estaban predeterminados. El órgano electoral boliviano tampoco hizo nada.

Con esta secuencia de eventos controvertibles, el 20 de octubre recién pasado, Evo Morales, se presenta obstinadamente a elecciones generales, y de manera similar a lo ocurrido en las primarias dominicanas del 6 de octubre, ya computados el 81% de los votos, con una tendencia natural que indicaba claramente que iba a haber una segunda vuelta, de manera sospechosa se interrumpe el conteo y al día siguiente y de manera sorpresiva, aparecía Morales con una victoria electoral con el 95% de los votos computados, siendo esto el verdadero detonante de la revuelta popular.

Otra coincidencia con el proceso electoral dominicano se da cuando el Tribunal Supremo Electoral boliviano, claramente involucrado en ese fraude electoral, accede a las presiones nacionales e internacionales y permite a los expertos de la OEA realizar una auditoría forense que dio como resultado la comprobación de graves irregularidades, entre ellas:

1.- La tendencia estadística “altamente” improbable luego de procesadas el 81% de las actas y que le dio la victoria cuestionada.

2.- La falla de un algoritmo de cálculo electoral del código fuente del software utilizado.

3.- Alto porcentaje de actas que reflejaban un número mayor de votos que el total de las listas índice.

4.- Inexistencia de controles necesarios en la cadena de custodia del material electoral.

Todas estas irregularidades presentadas por la OEA y que llevaron a anular esas elecciones generales bolivianas fueron similares a las denuncias en las elecciones primarias dominicanas.

De manera que, Evo Morales, al perpetrar un fraude electoral para violar la voluntad popular y ruptura del orden democrático, cometió, junto a los magistrados electorales, un grave DELITO contra las leyes electorales y la Constitución de su país, tan solo por su ambición desmedida de perpetuarse en el poder, realidad que obligatoriamente llama a una profunda reflexión a los mandatarios latinoamericanos sobre los límites del poder.

En un contexto de grave alteración del orden constitucional, los militares y policías bolivianos hicieron lo correcto, tal como hizo aquí Francisco Alberto Caamaño Deñó, que ante ese delito grave de violentar la voluntad popular, la Constitución y las leyes se pusieron del lado del verdadero SOBERANO: el pueblo de Bolivia, la democracia y la libertad.

Estos hechos, evidentemente tienen profundas enseñanzas, cuya primera lección es que hay que observar siempre los límites al poder político como una función fundamental resguardada en la Constitución de la República como garantía de las libertades y la preservación del Estado de Derecho, tal como señalara Karl Loewenstein, uno de los padres del constitucionalismo moderno, cito: “La historia del constitucionalismo no es sino la búsqueda por el hombre político de las limitaciones al poder absoluto ejercido por los detentadores del poder, así como el esfuerzo de establecer una justificación espiritual, moral o ética de la autoridad, en lugar del sometimiento ciego a la facilidad de la autoridad existente.” Observemos que en el transcurso de nuestra historia hemos sufrido esta colisión de intereses de los ciudadanos contra la autoridad, debido al uso degenerado del ejercicio del poder sin límites, que hace obligatorio que nuestros políticos aprendan las lecciones que nos dejan estos acontecimientos, pues la historia de los fenómenos sociopolíticos del continente latinoamericano suelen expandirse por contagio, sino, echemos un vistazo por Chile, Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Haití, Puerto Rico, entre otros.

En definitiva, toda experiencia ofrece varios aspectos que enfocar, que pueden servir de base para no cometer los mismos errores del pasado; hasta el individuo más exitoso puede empezar a plantearse lo que no va bien y caer en un estado de desesperación, de frustración o de ira; pero también puede optar por reenfocar todo para hacer lo correcto y salir con dignidad. Por horrible que sea una situación, siempre existe la manera de potenciar sus capacidades, esta es la gran diferencia entre los triunfadores fecundos que perduran, y aquellos triunfadores que, como Evo Morales, destruyen sus hazañas notables por no poner límites al poder otorgado.

¡En Bolivia no hubo un golpe de Estado, sino un fraude!

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